sábado, octubre 1

Mugatu said: "caminando sobre las mismas huellas"


Es que llego el momento idóneo.

Hoy fue el día que desperté con la boca seca y el dolor de lengua, el movimiento de centímetros a tomar mi caja de cigarrillos mentolados fue eterno, para encontrarme con un único sobreviviente.

Ella es mi perdición, es mi talón de Aquiles, pero este es el momento definitivo.

Es este el día en que decido que no soy parte de ella, he notado que soy un ser independiente. La mentira de que vivimos un dentro del otro me empezó a enfermar.

Es la droga violenta que me hunde suavemente en campos de fresas en esa perfecta ilusión que yo quiero llamar amor.

Simplemente sentí, sentí que ya no era lo mío, sentí que la mentira perdió su toque, entonces me puse a pensar… pensar entre sabanas manchadas de pasión y cigarrillos húmedos de noches mirando a la luna de a dos… ¿Quién soy? Me carcomió la idea de creerle a ella, creer que en algún momento la sensación de que simplemente era un alma que se cruzó ingenua, ingreso a su cuerpo y a su historia.

Pero ¿esta concepción ficticia es lo que me hace YO? Es este bizarro juego que en tardes de veraniegas con el encanto de la plaza acepte hundido en sus ojos color miel y su cabellos perfecto… ¿es esto lo que me lleva a realizarme?

En mañanas como esta creo que es mentira, toso es mentira, porque desde hace cuatro años vivo como ella, respiro como ella, duermo a lado de ella, sufro por ella y quizás sencillamente olvide quien soy yo, que quiero yo. Mi se ser volvió vulnerable, perdí toda mi autoestima y la palabra egoísmo sano nunca pudo aplicarla.

¿Pensar que es mejor para mi antes que para ella? Nunca, me sumí manso ante sus encantos, ante sus poderes, ante todo lo que me dio y me quito. Ella me robo hasta el último aliento, hasta la última esperanza.

Amaneceres como este pienso que lo mejor es alejarme de ella, como siempre me dice. Alejarme para volver a ser yo mismo, volver a amarme para amarla a ella y que el anillo valga la pena.

Soy débil, y la oigo en la cocina, mi cabeza y mi corazón discuten y yo no distingo las voces.

Porque la ame y quizás la volveré a amar…por ser ella, por hacerme creer que no existo, por reducirme a la miseria de no saber si existo… es que… no quiero tomar el mando.